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«Ainulindalë» o «La música de los Ainur»

«El Sirmarillion» es un libro que recopila varios relatos de Tolkien y que pretendía ser otra trilogía como «El Señor de los Anillos», pero que, inacabada, fue publicada por su hijo Christopher Tolkien en 1977. Un libro difícil de leer porque, a mi parecer, son notas para preparar la publicación real a las que le falta el genial desarrollo habitual de Tolkien, pero que sin duda es una de las joyas del escritor donde, además de contar la creación de Eä por parte de Ilúvatar (llamado Eru «el único» por los elfos) o la aparición de los valar, los elfos, los hombres o los enanos, nos deleita con algunos de los relatos más hermosos de la fantasía escritos desde la pluma del creador del mundo de la Tierra Media.

Hoy os traigo aquí, especialmente para A., un fragmento de «Ainulindalë» o «La música de los Ainur» que es el relato que abre el libro y nos habla de la creación del mundo a partir de la música.

No dejéis de leer el relato completo…

[…]

Y sucedió que Ilúvatar convocó a todos los Ainur, y les comunicó un tema poderoso, descubriendo para ellos cosas todavía más grandes y más maravillosas que las reveladas hasta entonces; y la gloria del principio y el esplendor del final asombraron a los Ainur, de modo que se inclinaron ante Ilúvatar y guardaron silencio.

Entonces les dijo Ilúvatar: —Del tema que os he comunicado, quiero ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. Y como os he inflamado con la Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place. Pero yo me sentaré y escucharé, y será de mi agradó que por medio de vosotros una gran belleza despierte en canción.

[…]

Pero a medida que el tema prosperaba, nació un deseo en el corazón de Melkor: entretejer asuntos de su propia imaginación que no se acordaban con el tema de Ilúvatar, porque intentaba así acrecentar el poder y la gloria de la parte que le había sido asignada. A Melkor, entre los Ainur, le habían sido dados los más grandes dones de poder y conocimiento, y tenía parte en todos los dones de sus hermanos.

[…]

Melkor entretejió algunos de estos pensamientos en la música, e inmediatamente una discordancia se alzó en torno, y muchos de los que estaban cerca se desalentaron, se les confundió el pensamiento, y la música vaciló; pero algunos empezaron a concertar su música con la de Melkor más que con el pensamiento que habían tenido en un principio.

[…]

Entonces Ilúvatar se puso de pie y los Ainur vieron que sonreía; y levantó la mano izquierda y un nuevo tema nació en medio de la tormenta, parecido y sin embargo distinto al anterior, y que cobró fuerzas y tenía una nueva belleza.

[…]

Pero cuando llegaron al Vacío, Ilúvatar les dijo: —¡Contemplad vuestra música!—. y les mostró una escena, dándoles vista donde antes había habido sólo oído; y los Ainur vieron un nuevo Mundo hecho visible para ellos, y era un globo en el Vacío, y en él se sostenía, aunque no pertenecía al Vacío. y mientras lo miraban y se admiraban, este mundo empezó a desplegar su historia y les pareció que vivía y crecía. Y cuando los Ainur hubieron mirado un rato en silencio, volvió a hablar Ilúvatar: —iContemplad vuestra música! Este es vuestro canto y cada uno de vosotros encontrará en él, entre lo que os he propuesto, todas las cosas que en apariencia habéis inventado o añadido. Y tú, Melkor, descubrirás los pensamientos secretos de tu propia mente y entenderás que son sólo una parte del todo y tributarios de su gloria.

—J.R.R. Tolkien
Fragmento de «Ainulindalë» de «El Sirmarilion»

El mundo es un lugar imperfecto

Ése es un buen resumen para este pensamiento que hoy traigo aquí. Estos días, y no es una novedad, estoy metido en más cosas de las que puedo, unas por placer y otras… no tanto. El caso es que pensando en cómo van saliendo algunos de los proyectos recordé un artículo leído en algún blog que mi mala memoria no me permite recordar sobre la calidad de los proyectos.

Reconozcámoslo, a todos nos ha pasado (y nos seguirá pasando), a veces el resultado de nuestros proyectos no se ajusta a cómo lo habíamos imaginado en nuestra mente. Y esto no pasa necesariamente porque nuestros conocimientos o nuestras habilidades (y quiero incluir aquí a cualquier colaborador o equipo involucrado en el proyecto) no estén a la altura, simplemente las condiciones del momento no lo permiten.

Cliente, nuevo proyecto, visión, análisis, presupuesto, plazo, asignación de recursos y… llega el momento de finalizar el proyecto y realizar una entrega. Ya, pero falta este detalle o aquel otro, un ajuste para la versión móvil o un gráfico que no ajusta, los colores, aquella mejora que un artículo sobre UX decía que era la bomba. El proyecto no está listo… unos días más…

Mientras tanto en el equipo o alguien externo que ve el proyecto dice «¡Eh! Es estupendo, está bien».

Vale, pues entregamos y volveremos sobre él para mejorarlo… (tú y yo sabemos que probablemente no pasará).

¿Os suena?

Bien, ha llegado el momento de asumirlo: el mundo no es perfecto. Nuestro trabajo es tan bueno como puede ser bajo estas circunstancias aquí y ahora, tan bueno como mi equipo y yo podemos hacerlo dadas las circunstancias y, sí, no se ajusta a lo que teníamos en mente, ni se ajusta a los niveles de calidad que nosotros mismos nos hemos impuesto. Nuestro trabajo nunca será perfecto.

Ni aún teniendo todo el tiempo del mundo será perfecto y, si esperamos mucho, podría ser peor: puede que NUNCA tengamos un producto.

Intentemos ser prácticos y reconozcamos nuestros éxitos, no sólo nuestros fracasos.

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