CategoríaAlgo personal

Sobre puertas cerradas

Mi abuela siempre decía que en una casa en la que las puertas estaban cerradas era porque las camas estaban sin hacer. Es por esto que, sobretodo últimamente, intento que en mis proyectos, y en los que simplemente participo, las cosas tengan pocas puertas cerradas y todo esté a la vista y bien claro.

Siempre habrá quien diga que esto puede quitar misterio al asunto y que, por tanto, todo resulta más aburrido. Pero es que yo no oposito para ser la alegría de la huerta, pero sí aspiro a la sinceridad tan absoluta como me sea posible.

Escribo esta pequeña reflexión sentado en el metro, rodeado de un buen número de personas extrañas, que no tienen una expresión mucho más alegre que la mía y me pregunto si tienen cerradas sus puertas en casa y cuánto de misterio… Aunque para mí, todas son misteriosas desconocidas.

Mientras pienso en puertas cerradas se me ocurre en lo difícil que resulta, a veces, cerrar una puerta a un tiempo pasado, y no por arrepentimiento, sentimiento demasiado cristiano para este momento de mi vida, sino por el cierre de un ciclo o el fin de un proyecto. Y es que las cosas se acaban, ¿saben ustedes? Pero algunas personas no saben dejarlas ir e intentan arrastrarte a ti con ellas en un intento de “actualización” de ese pasado, donde a la vez que te excluyen, intentan aprovechar una parte de tu historia. Me pregunto entonces, inevitablemente, si es por falta de ideas o de vida propia, si es con animadversión o simplemente un narcisismo agudo que les impide ver que tu pasado común con ellos es precisamente eso: común, lo que, por propia definición significa que no es solo suyo y, por tanto, no pueden disponer de él a su antojo.

Tú abres la puerta de tu casa, las puertas de tu vida e incluso las puertas de tu corazón… Te sinceras y dejas que lloren en tu sofá, te implicas en sus problemas haciéndolos tuyos y convirtiéndote en parte de la solución y ¿qué obtienes como respuesta? El deber de la adoración y, cuando decides no cumplir con ese deber impuesto convierten una parte importante de su vida a, de algún modo, intentar destruir la tuya, o al menos, una parte de ella.

Ni te dejan cerrar la puerta, ni la cierran ellos mismos…

De verdad que me asusta ver que unos años después siguen intentando pisarte a ti y a los tuyos. Me asusta que exista alguien así y me sorprende que un desconocido como yo, ni mejor ni peor que otro, pueda ser objeto y objetivo de estos comportamientos.

Me asusta y me sorprende.

Pero ahora que no nos oye nadie he de confesaros algo… No me detiene…

Acunarte.

Bonita reflexión para un lunes…

Olvidemos esa guerra.

Origen: Acunarte.

A %d blogueros les gusta esto: