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Fotografías de menores: ¿protegemos su intimidad?

Llevo tiempo queriendo escribir algo sobre la protección de datos y, en especial, en referencia a los niños. Recientemente me he encontrado con alguna petición inusual de acceso a datos de carácter personal. Unido a esto y, coincidiendo con las Fallas, veo las redes inundadas de fotografías de niños menores y siempre pienso lo mismo: antes de publicar una fotografía de un menor en internet hay que hacerse dos preguntas

  1. ¿cuál es el objetivo de publicar la foto?
  2. ¿va en contra de los derechos y la intimidad del menor?

Buscando información al respecto, la propia Agencia Española de Protección de datos nos ofrece dos documentos realmente interesantes y que invito a todos a leer.

El primero al que quiero hacer referencia incluye unas recomendaciones donde se incluyen los Derechos de niños y niñas y Deberes de los padres y madres. Aunque el documento está muy orientado a padres y madres en unos apartados y a los menores en otros, creo que puede ser de utilidad no sólo al plantearnos la gestión o cesión de datos de los menores, sino para cualquiera que se enfrente por primera vez a una reflexión sobre la protección de datos.

Podéis descargar el archivo desde la propia agencia en el siguiente enlace:

https://www.agpd.es/portalwebAGPD/canal_joven/common/pdfs/recomendaciones_menores_2008.pdf

El segundo documento es algo más técnico, pero creo yo, de obligada lectura, fundamentalmente para padres, madres (incluyo aquí a las AMPAs) y personal docente.

Este documento es la respuesta a una consulta sobre la publicación no consentida en la página web de un centro escolar de fotografías de una alumna con motivo de la realización de diversas actividades extraescolares. Se trata del informe 0194/2009 del gabinete jurídico de dicha agencia.

Podéis leer el documento en la web de la Agencia Española de Protección de Datos a partir del siguiente enlace:

https://www.agpd.es/portalwebAGPD/canaldocumentacion/informes_juridicos/derecho_acceso_rectificacion_cancelacion_oposicion/common/pdfs/2009-0194_Fotos-de-menor-publicadas-en-p-aa-gina-web-del-colegio.-Ejercicio-de-derecho-de-cancelaci-oo-n.pdf

Debemos empezar a tener conciencia de que las fotografías que podamos tomar a cualquiera, no pueden ser publicadas sin consentimiento expreso de la persona (si es mayor de 14 años) o de sus tutores (si son menores de 14 años). Esto es especialmente importante si hablamos de la difusión tecnológica: una fotografía que difundimos por cualquier medio electrónico, queda inmediatamente fuera de nuestro control. Incluso, en las condiciones de uso de muchos de estos sitios, en el acuerdo de uso del servicio (que normalmente pasamos de largo sin una lectura detallada) realizamos una cesión explícita de los derechos de nuestras publicaciones. Esto es especialmente sensible en menores sobre los que nosotros mismos debemos tomar la decisión… sobre su intimidad. Dicha publicación constituye una cesión o comunicación de datos de carácter personal, definida por el artículo 3j) de la LOPD como «Toda revelación de datos realizada a una persona distinta del interesado».

Por último, como recomendación más importante, entendamos que la cesión de datos siempre es para un fin concreto y, por tanto, tendremos que desconfiar de los formulario de cesión donde no se explica quién, cómo y para qué se van a usar los datos, ni las consecuencias de la «no cesión».

Privacidad, netiquette y derecho al olvido

Llevo tiempo queriendo escribir algo sobre la privacidad en la red y el derecho al olvido, que parece que se nos ha negado, desde que leí por primera vez el artículo Right To The Privacy de Warren and Brandeis que, aunque fue escrito en 1890 para la Harvard Law Review, es uno de los artículos de referencia en este tema y, bajo mi punto de vista sigue tan vigente hoy como cuando se escribió.

En aquel momento se planteaba la «facilidad» de difusión de la imagen pública de cualquier persona gracias a la cámara de fotos portátil, unida a la facilidad de impresión y distribución de un periódico. Hoy, el alcance es mucho mayor si tenemos en cuenta la amplia difusión que una publicación puede tener y lo relativamente fácil que puede convertirse en «viral».

Seguramente la mayoría tendréis en mente las grandes redes sociales más habituales en nuestro país como pueden ser Facebook o Twitter, pero el peligro no queda ahí, las aplicaciones de comunicación directa, bien sean las más clásicas como el correo electrónico, bien sean aplicaciones como Whatsapp, Telegram o Line, hacen que la difusión sea además «aparentemente privada». Esa sensación de enviarlo solamente a personas cercanas de nuestro entorno es, precisamente, lo que las hace más peligrosas: por un lado, no podemos controlar a quien o quienes se va a reenviar después (lo que equivaldría a un secreto a voces o el clásico cotilleo del pueblo); de otra parte, es tu entorno quien tiene acceso a tu intimidad (que quieres preservar) y no alguien a 5.000 kilómetros de distancia que, potencialmente, resulta menos «peligroso» y que afecta en menor medida a tu vida diaria.

El gran problema que se plantea no es que te fotografíen en un lugar público, sino que pueden hacerlo incluso en un lugar privado, desde la oficina o una celebración privada, hasta en el sofá de tu casa. En ese mismo momento te encuentras a merced de la ética y la moral de la persona que te fotografía.

A estas alturas podéis estar pensando en fotografías comprometidas o en situaciones bochornosas, pero no es esa la imagen en mi cabeza mientras escribo estas líneas. Pensaba más bien en situaciones aparentemente más «inocentes» o incluso cotidianas, hace tres años nos hicimos una fotografía juntos, tomando un café o en cualquier actividad que hiciéramos entonces, éramos amigos (elegid aquí el nivel de amistad que más os guste) y publicaste mi foto junto a ti… Hoy maldices el día en que me crucé en tu vida (olvidando, por supuesto, los buenos momentos y la ayuda prestada) y, aún así, me niegas mi «derecho al olvido». Yo puedo mirar para otro lado y seguir mi camino, cosa que ya hago, pero tú no permites que se «olvide» esa relación socialmente. De nuevo me pregunto si no tienes vida propia y necesitas la vida de los demás y salir junto a ellos en fotos (no, tranquilos, no hablo del «pequeño Nicolás») o si, de nuevo, es tu narcisismo agudo el que te lleva a ello.

En cualquier caso, la legislación vigente está en pañales en estos temas, pero, para mí, lo más grave es que a nivel social, sólo lo entendemos cuando la fotografía es nuestra, pero no cuando es de otra persona.

¿Cómo asegurar que esas fotos nuestras con personas con las que ayer teníamos relación y hoy no queremos tenerla no difunden e invaden nuestra privacidad? Simplemente: no podemos. Tal vez la madurez solucione este problema dentro de mucho, mucho tiempo… Mientras tanto yo, soy paciente y sigo reflexionando sobre ello.

¿Cuándo fue la última vez que te planteaste revisar tus fotos publicadas y dejar de exhibir a otras personas con las que perdiste relación y, desconoces o incluso intuyes que no querrían salir en una foto contigo en la actualidad?

Por si tenéis interés en leer el artículo Right to the privacy, aquí os dejo un enlace al artículo original en inglés:

The Right to Privacy

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